VeM - La estación - Capítulo 1: Turno de noche
Capítulo 1 – Turno de noche
Tone estaba sentado en el banco que había en medio de la sala de vestuarios de los empleados de la estación comercial de la ciudad. Tenía los codos apoyados sobre sus piernas y la cara sobre las manos. Sus dedos estaban enredados entre su cabello castaño, del mismo color que su barba. No se encontraba del todo bien anímicamente, y eso se podía notar con tan solo verle la cara. No estaba bien.
Tone no era su nombre real, aunque todo el mundo le llamaba así desde que era un muchacho. Realmente se llamaba Antonio, pero en el grupo de clase y de amigos de su infancia había otro Antonio, al cual apodaron “Toño”. Aquel niño era mayor que Tone y se quedó con el nombre de “Toño” solo por esa razón. Por eso, él mismo decidió que le llamasen Tone, y así se quedó hasta la fecha.
Tone estaba algo desmoralizado. Aquella enfermedad, la una misteriosa gripe que había confundido a los médicos durante unas semanas, estaba haciendo mella en el país. Realmente lo estaba haciendo en el mundo entero, pero no lo sabían. Los hospitales estaban desbordados, las calles vacías y el miedo se respiraba en el aire. Al menos una gran parte de la población. Había otro alto porcentaje de gente que no le temía a esa gripe y decía que todo era un invento para controlarles. Tone, por suerte, no se encontraba enfermo. Pero sí su mujer, Marisa.
Él quiso pedirse unos días libres en el trabajo para poder cuidar de ella, pero Marisa no le dejó. Dependían del trabajo de Tone para vivir, además, cobraba por horas y pedirse días libres significaba no cobrar nada. No estaban en una buena situación económica. Es por ello que Marisa se marchó a casa de sus padres, pues los últimos días parecía estar bastante peor. Tone se sentía muy impotente ante aquello. Había escuchado que aquella enfermedad acabó con un par de muertos. Cierto era que en los medios donde lo dijeron se trataba de un anciano y un niño. Pero Tone no pudo evitar indagar por la red de internet y dio con algunos blogs que hablaban de más muertos, muertos que ocultaban, y muertos en varios países. Al parecer, dicha enfermedad no estaba afectando únicamente al país, era algo a nivel mundial. Aunque, a decir verdad, no siempre se fiaba de lo que leía en internet. Pero era inevitable darle un punto de credibilidad.
Según pudo leer, algunos países como Inglaterra y Rusia dejaron de dar señales y de hablar del asunto. Todo el mundo parecía estar ocultando información. Y la falta de información era, posiblemente, lo que más daño hacía a la mente de muchas personas como Tone.
Tone chascó la lengua y levantó la cara. Tenía los ojos rojos de no haber podido descansar como es debido. Se puso la camisa del uniforme mientras tomaba un largo suspiro de resignación.
Tone era empleado de seguridad de la nueva estación comercial. La inauguración de dicha estación fue pospuesta a la semana siguiente, pero los empleados de seguridad tenían que trabajar aún con ella cerrada. Pues se había contratado una seguridad de veinticuatro horas los siete días de la semana. Se ajustó su cinturón con su arma reglamentaria bien sujeta. Pues la seguridad debía de ser armada puesto que había una joyería en la estación, entre otros negocios que podían albergar materiales valorados en grandes sumas de dinero; teléfonos móviles; ordenadores…
En la estación comercial también había un par de restaurantes, una tienda de alimentación, tiendas de ropa y tiendas de regalos. Era una estación que conectaba la línea de autobuses que se dirigían a distintas partes de la ciudad y a comunidades más cercanas. También conectaba con la red de metro de la ciudad. Aunque aún no estaba operativa y no tenía convoyes que circulasen por aquellas vías. Aquello sería abierto para el mes siguiente.
Una vez que Tone se terminó de vestir con el uniforme y guardar sus cosas en la taquilla, la cerró y se encaminó por los pasillos interiores de la estación, hasta la cabina de seguridad. Dicha cabina, a la cual llamaban “Garita”, estaba situada entre la planta baja y la primera planta de la estación. La cabina sobresalía un poco de la zona interna a la zona de la estación. Podía ser vista, más o menos, desde la planta baja. Era una esfera de cristal tintado en lo alto de la planta baja, justo debajo del suelo de la primera planta. Desde allí podían ver la planta baja, la puerta, y la salida de emergencia. A decir verdad, podía verse todo desde los monitores. Aunque, los empleados de seguridad no podían ser vistos desde el exterior.
Tone llegó a la Garita, pero allí no había nadie. Salva, el compañero de turno de Tone, debería de estar en dicha sala desde hacía una hora. Pues ambos compañeros hacían turnos de doce horas, y uno entraba una hora antes que el otro, al igual que ese mismo se marchaba una hora antes que el otro y era relevado por el siguiente compañero. Lo decidieron así desde que se juntaron con el gestor de su empresa. El jefe de equipo decidió que coincidiesen una hora con los del cambio de turno para ponerse al día de lo ocurrido detalladamente, y eso no se podía hacer en un ligero cambio de turno.
─ Salva, cabrón, ¿dónde estás? ─ dijo Tone por el walkie que tenían para comunicarse.
No obtuvo respuesta, aunque se escuchó a sí mismo al otro lado de la puerta, en el baño que tenían para ellos en dicha sala.
Tone se acercó a la puerta y llamó con unos golpes secos ─ ¿Ya estás cagando? Los deberes se traen hechos de casa ─ dijo entre risas. Tone se forzaba a sonreír para olvidar los problemas que tenía en su casa ─ Nada, ya hago yo la ronda, cabronazo ─ añadió cuando escuchó a Salva una especie de gemido. Se imaginó que sería del esfuerzo, no quiso dar más vueltas a ese asunto, el tracto intestinal de Salva no era un tema que le importase mucho realmente, por mucho que Salva se empeñase en contárselo todo sin ahorrarse un solo detalle. Tone se marchó negando con la cabeza y maldiciendo por lo bajo.
La ronda consistía en darse una vuelta por toda la estación, todas las plantas, revisando puertas y luces. Hacían una cuando él entraba, otra pasadas unas tres o cuatro horas, y una última antes de marcharse. Salvo que viesen algo extraño por las cámaras o saltase alguna alarma, en dichos casos acudían al lugar al instante.
La estación contaba con tres plantas; la planta baja no tenía gran cosa, una cristalera enorme que permitía ver la calle, aunque no se podía ver desde fuera hacia dentro, salvo que la luz estuviera encendida y ya fuese de noche. En dicha planta solo había escaleras para bajar o subir, un puesto portátil de prensa, y un par de ascensores. La planta superior contaba con un par de restaurantes con mesas en la puerta de cada uno, ambas zonas separadas por cada restaurante. También se encontraba la subida a la azotea desde los pasillos internos y la zona de personal. Y la planta inferior es la que contaba con todas las demás tiendas y con la salida a los túneles de la estación de autobuses, los cuales salían directamente a las carreteras de salida de la ciudad. Además, dicha planta también contaba con una bajada hacia la red de metro, pero esas puertas estaban cerradas por el momento, pues estaban aún en obras.
Tone empezó por la planta baja. Aseguró que la puerta a la calle estaba cerrada y la salida de emergencia (o entrada de personal) también. No pudo evitar fijarse que, a través de los cristales pudo ver a un hombre que estaba algo ebrio. Caminaba lenta y torpemente, incluso se tropezó y cayó al suelo, pero luego se volvió a levantar y continuó caminando.
─ Borrachos… ─ dijo Tone negando con la cabeza. Nunca entendía cómo la gente podía beber hasta llegar a ese punto.
Pero no era lo único que iba a sorprender a Tone aquella noche. Pues un par de aviones que a juzgar el ruido que hicieron, volaban muy, pero que muy bajo y a una gran velocidad que incluso cortaba el viento, pasaron por encima de la estación.
─ ¿Qué cojones? ─ Se preguntó Tone a sí mismo enarcando una ceja. Rápidamente agarró el walkie ─ Salva, ¿has escuchado eso?
No obtuvo respuesta.
─ Joder, Salva, ¿me recibes?
Tampoco obtuvo respuesta alguna.
─ Mierda ─ maldijo y echó a correr hacia los pasillos internos del edificio, los cuales solo podían ser utilizados por los empleados del centro. Pero no se dirigió hacia la garita de seguridad, sino que fue directamente hacia las escaleras para subir hasta la azotea. Tone estaba en forma. No se consideraba uno de esos adictos al gimnasio y a los músculos, pero le gustaba cuidar bien su cuerpo. Después de todo, su trabajo le exigía cierta forma física y, además, el gimnasio le ayudaba a no pensar. Aunque no había ido en toda la semana. Subió corriendo dando buenas zancadas, subiendo las escaleras de dos en dos hasta llegar a la azotea. Sacó su manojo de llaves y buscó la que tenía la etiqueta de la azotea. Tras abrirla, salió al exterior.
Estaba lloviendo, y con bastante fuerza además. Pero eso no le importaba. Podía ver aquellos aviones alejarse en dirección al centro de la ciudad. Pero no solo los aviones. Un par de helicópteros Boeing CH-47 Chinook del Ejército Español también sobrevolaban la estación, situada al norte de la ciudad. Se dirigían al centro de la ciudad.
─ Pero, ¿qué es lo que está pasando? ─ Se preguntó a sí mismo.
Aquellos helicópteros eran bastante largos y tenían dos conjuntos de hélices. Uno en la parte delantera y otro en la trasera. Ambos eran de color verde, aunque no se podía apreciar bien en la noche. Se utilizaban, normalmente, para transportar carga pesada. Tone conocía bien aquellos helicópteros. Entonces otros aviones volvieron a sobrevolar. Eran aviones del ejército Español. Tone los conocía como “Caza”, pero no sabía los modelos exactamente.
Tone se quedó allí, bajo la lluvia, observando aquellos aviones y helicópteros volar. No entendía qué estaba pasando. Pensó en la posibilidad de un ataque terrorista, pero no había escuchado nada de ninguna amenaza, ni nada parecido. No tardaría mucho en saber lo que estaba ocurriendo.

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